He encontrado una centella

Se llama fibrolita y es un tipo de roca sedimentaria metamórfica de la familia de las silimanitas; un silicato de aluminio[1]. Su fórmula química es Al2OSiO5, aunque nosotros las llamamos centellas.

En Cerezo son conocidas porque muchos de nuestros familiares nos han contado que quien más, quien menos las recogía para llevarlas al comercio de Feliciano, que las enviaba a una fábrica donde se usaban para endurecer productos cerámicos y como material refractario.

Pero hubo un tiempo lejano, la Prehistoria, nada más y nada menos, en que la fibrolita se usó para realizar hachas. Gran cantidad de estos útiles encontrados por toda Europa estaban hechos de este material. A este tipo de hachas se les suele llamar piedras de rayo, rayos o centellas. Son hachas sencillas, pulidas con forma de lágrima.

Durante muchos años los investigadores consideraron que las hachas que se encontraban en España eran de un tipo de jade, pero no eran capaces de determinar de dónde procedían porque aunque en aquellas fechas existía comercio, era bastante improbable que viniesen de Asia o de otros territorios muy lejanos porque las comunicaciones eran complicadas para tan largas distancias.

A finales del siglo XIX ingenieros, geólogos, paleontólogos, minerólogos y otros profesionales de la Escuela de Minas, realizan una profunda investigación sobre las hachas prehistóricas encontradas en la península ibérica que se publica en 1902 el Boletín de la Comisión del Mapa Geológico de España. Lo primero que descubren es que no es jade, sino fibrolita y a partir de ahí empiezan a tirar del hilo hasta llegar a algunas interesantes conclusiones[2]:


Más recientemente, en el Congreso Internacional de Historia de la Sierra de Ronda de 2015,  se pudo determinar que en España no son tan numerosos los yacimientos de este mineral, estando en nuestra zona los más importantes (también por Somosierra y la vertiente madrileña, aunque el de nuestro pueblo es el más importante).

De las investigaciones presentadas en este congreso podemos tener acceso al estudio realizado a esta pieza encontrada en San José del Valle, Cádiz (casi 700 kilómetros a pie desde Cerezo). Mediante análisis al microscopio, espectrogramas o rayos X se relaciona esta pieza directamente con nuestro pueblo.

¿A que la próxima vez que recojas una centella vas a mirarla con otros ojos? Especialmente si tiene forma de lágrima, de hacha, de centella, al fin y al cabo.

Por cierto, si no sabes cómo son las centellas no dejes de darte una vuelta por el nuevo Puente de la Canal o también llamado de las Centellas 😉


[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Sillimanita

[2] Boletín de la Comisión del Mapa Geológico de España, CORTAZAR y otros. 1902.

[3] Hacha hallada en San José del Valle, Cádiz y cuyo análisis coincide con fibrolita de la zona de Cerezo de Abajo-Cerezo de Arriba- La Pinilla. CARACTERIZACIÓN ARQUEOMÉTRICA DE ÚTILES PULIMENTADOS EN SILLIMANITA DE LA PREHISTORIA RECIENTE EN EL GUADALETE Y LAS BÉTICAS OCCIDENTALES (2017) Ana Doyague Reinoso *, Salvador Domínguez-Bella ** y José Mª Gutiérrez López ***

Reyes por un día

Reinado - CERCA - Cerezo de Abajo

Reyes por un día

En cada zona de nuestro país, el carnaval siempre ha tenido un significado especial. En la ancha Castilla son muchas las peculiares tradiciones de estas fechas carnavaleras, que siempre tienen una impronta de alegría y divertimento que precede la sobriedad de la cuaresma.
En nuestra comarca del nordeste de Segovia hay muchas tradiciones propias de estas fechas que se mantienen aun. El día de jueves Lardero sigue celebrándose en muchos pueblos de la zona… Nuestros vecinos de Santo Tomé del Puerto llevan unos años intentando recuperar una bonita tradición de estas fechas relacionada con “remudarse” (así decimos aquí disfrazarse) y con el encuentro y la celebración entre los vecinos

En nuestro pueblo, Cerezo de Abajo, sigue viva una tradición relacionada con estas fechas en la que los niños son los protagonistas.
Cualquier vecino de Cerezo seguro que sabe qué tiene que hacer cuando llaman a su puerta y escuchan esta cantinela: “este gallo que no canta que le duele la garganta de comer trigo y avena en las cámaras ajenas…”

Se trata de una peculiar tradición típica de Cerezo de Abajo en la que los niños son los auténticos protagonistas, son los reyes por un día. De ahí su nombre: El Reinado.
No conocemos su origen, aunque hay datos de tradiciones similares en la Edad Media sobre los que queremos indagar.

En los años en los que estudiaba en nuestra mágica escuelita unitaria, el Reinado era un día muy especial para todos los niños y niñas. Ese día no había clase porque teníamos que cumplir con la tradición del día del reinado. El niño y la niña de mayor edad que aun no hubieran sido reyes ningun año, tenían el papel de rey y reina.
Entre los niños hacíamos dos bonitas coronas de cartón y de colores para ponérselas y diferenciarles del resto de niños que ese año no nos correspondía el privilegio. Poco a poco nos fuimos quedando sin sucesores en el trono…Cerezo se quedaba sin niños…pero aun así nos organizabamos para repetir mandato y poder continuar con nuestra fiesta.
Junto con las maestras de la escuela, que siempre respetaron mucho nuestro día, todos los niños disfrazados nos ibamos por el pueblo a llamar casa por casa. Cuando éramos recibidos cantabamos una canción todos a la vez. Nuestro repertorio no era muy variado: la del gallo que no canta, la de estaba la pastora y la de los pajaritos que van por el aire…pero a los vecinos de Cerezo les encantaban las canciones porque les recordaban a su época de Reyes. En el fondo a todos siempre nos ha gustado ser “reyes por un día “ y yo creo que les traía buenos recuerdos.
Una vez terminada la canción, el rey y la reina explicaban que, a cambio de la canción que habíamos cantado, pediamos que nos dieran dinero, patatas o huevos. Siempre pediamos la voluntad, pero Luego, si nos daban poco, les contábamos la canción de la roñosa a la que nos íbamos?

Tras haber conseguido las viandas y el dinero, unos días después los niños preparábamos el banquete.
Las tareas estaban distribuidas: La familia de la reina hacía las tortillas con los huevos y las patatas y la familia del rey asaba un pollo que se compraba con el dinero conseguido. También comprabamos algunas bebida y dulces. El domingo siguiente todos los niños y niñas nos juntábamos a comer en el colegio. Solo niños y niñas. Era nuestro reinado y nadie nos organizaba. Solo nosotros. Los más mayores cuidabamos de los más pequeños y todos jugabamos y bailabamos juntos. Después, por supuesto, nos encargábamos de dejarlo todo en orden. En la libertad estaba la responsabilidad.

Actualmente la tradición se mantiene aunque algo cambiada. Ha sido necesario adaptarse a las circunstancias. Ricardo, el maestro de nuestra pequeña escuela rural no quiere que la tradición se pierda y continua promoviendo esta actividad con los 5 niños de la escuela. Gracias Ricardo!
En nuestro pueblo cada vez hay menos niños para ser los reyes y cada vez hay menos casas que abran sus puertas al ritmo del gallo que no canta, pero, los que aún estamos aquí, vamos corriendo a la despensa cuando oimos la canción como con la necesidad de dar el refuerzo rápido a nuestros niños y niñas para que quieran seguir cantando y celebrando el reinado muchos años.
Nuestra escuela busca nuevos reyes y reinas. Busca nuevos alumnos y alumnas que permitan a Ricardo cada año transmitir no solo los conocimientos del currículo escolar, sino aquellos conocimientos que nos hacen pueblo, aquello que está en la raíz de nuestra tierra y que nos brota en aquel sentimiento que a todos los Cerezanos y Cerezanas nos hizo ser “reyes por un día “

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